sábado, 9 de febrero de 2008

A propósito del IV Encuentro Nacional de Víctimas de crímenes de estado


MALETAS DE LA MEMORIA, EQUIPAJE DE RECUERDOS


Por: Adriana Diosa

Paralelo a los logros políticos, organizativos y, sociales el “III Encuentro Nacional de Victimas de Crímenes de Estado” es un evento que trasciende, mas allá de lo emotivo, todos los parámetros porque lo personal se vuelve universal ante sentimientos como el dolor, el amor, la rabia, la impotencia, la angustia, la zozobra, la rebeldía, la esperanza, la solidaridad que permitieron, en este espacio, el surgimiento y fortalecimiento de complicidades y colegajes en torno a un derecho no enunciado en ningún tratado pero adquirido en las construcciones colectivas: EL DERECHO A PERSISTIR.

Fue una experiencia emocionalmente fuerte. Desde el momento del encuentro para coger camino a la capital, cada instante estaba lleno de innumerables hechos que le dieron a este evento un gran valor agregado. Cada uno de los participantes traía a cuestas: Un fiambre tan solidario que podía alimentar a todos los pasajeros del bus; una esperanza tan grande que podría irradiarse hasta el firmamento; una gran fe en el trabajo colectivo como la única alternativa de conseguir algún día justicia; La dignidad de nuestros seres queridos; el amor sin barreras a los vivos ( luchadores por la vida), a los muertos (razón de ser), a los desaparecidos (luz en medio de la noche), a los sin tierra desterrados ( terruño de esperanza en los caminos) y a los presos de conciencia (semilla libertaria).

Los vivos de hoy, unidos en un gran acto de fraternidad y solidaridad, cargados con “Maletas de historias” que, a pesar de su inmenso contenido, se vuelven livianas por el entusiasmo de encontrarse con el otro y ratificar compromisos con la vida y con este país para que cesen, por fin, los crímenes de lesa humanidad permitiendo que la paz reine en medio de la justicia, la reparación, la memoria y la verdad, reivindicamos la dignidad de los ausentes.

El viaje, como una visita guiada por un museo, fue marcando puntos de memoria y vida. Con tristeza pero tambien con entusiasmo los viajeros expresaban frases surgidas del contacto con las calles que un día pisaran sus hijos, sus esposos, sus hermanas, sus compañeros, sus amores...”En este lugar trabajaba Juan”, “Aquí el flaco se bajaba siempre a comer algo”, “ En este río se bañó el mono... Y los elementos positivos de la vida se desdibujaron cuando empezamos a pasar por la región del Magdalena Medio: “ Aquí fue donde la policía lo entregó a los paras”, “Este es el lugar en el que lo bajaron”, “Este fue su último viaje”, ” “Aquí estuvimos buscándolos”... y nuestros sentimientos se encontraron cuando recordamos que a ellos los esperábamos nosotros y que a nosotros tambien nos esperaban en la capital, para tejer juntos sueños y certidumbres en un mañana distinto y mejor, seres que no conocíamos pero a los cuales ya estábamos unidos por lazos y afectos muy fuertes... volvimos nuestros ojos al frente y continuamos el viaje.

Este es el paso seguro de hombres y mujeres, unos jóvenes, otros mas adultos y otros viejos que cuando caminan van cargados de recuerdos y anhelos. Estos pasos fuertes y seguros hacen que vibren los cuerpos de otros seres tocados por la inclemencia de la guerra sucia emprendida por el estado no contra “los enemigos de la patria” sino contra los Pedros, Juanes y Marías: Seres humildes que con sus empeños construían nación.

Solo los medios oficiales de comunicación y el estado mismo no escucharon ese vibrar de mas de 1200 personas representantes de tantas organizaciones de todas las regiones del país que entre lagrimas y consignas, ponencias y actos simbólicos ratificamos nuestro compromiso de lucha contra la impunidad; solo ellos no escucharon las voces, nuevas voces de las victimas que como un trueno sonaron, con todo el derecho, en el recinto. Los testimonios, historias de dolor y vida tuvieron su lugar... historias que rebasaron la capacidad de los profesionales que nos acompañaban, “Es que por mas profesional que uno sea, no puede pasar de largo ante historias, que parecen de ciencia ficción o de película por la barbarie que contienen”.
En el evento, en un pequeño recinto íntimo contiguo al auditorio logramos acondicionar un espacio para el ritual del recuerdo con la presencia imponente y permanente y retadora de los retablos con las fotografías de los desaparecidos.

Todo esto para reiterar, con todo el derecho, que un puñado de pesos no logrará construir la verdadera paz con justicia en nuestro país porque un miserable puñado de pesos no puede obtener jamás un perdón sin condiciones, porque un poco de dinero logrará mitigar las múltiples carencias que vivimos, pero no podrá resarcir el daño que nos han hecho.

Para que haya paz es obligación que el estado y la sociedad sean consecuentes y castiguen ejemplarmente y sin contemplaciones, a los victimarios; que el estado y los victimarios digan, sin miramientos, la verdad total de los hechos; que el estado repare generosamente (en el mas amplio sentido); que la sociedad se entere y reivindique la memoria de los cientos de miles de conciudadanos que en este conflicto hemos resultado lastimados o afectados.

El gobierno Colombiano a ordenado desaparecer del contexto genera del país el conflicto, pero no podrá desaparecer los millones de victimas que este ha dejado... cuídate para que ahora no desaparezca tu dignidad.

FRENTE A LOS CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD...

¡QUE EL ESTADO RESPONDA¡


(Publicado por el Periódico Periferia)
Foto: "Proclamamos a los cuatro vientos y manifestamos los criterios ciertos".
Obra teatral año 2005, Plaza de Bolivar, Bogotá, en el marco del II Encuentro.
(Archivo Arlequín y los Juglares)

POEMA

(Fotografía Jesús Abad Colorado)


GALERIA DE LA MEMORIA

Para encontrar tu voz y tu protesta
Para plasmar en mi recuerdo tu cuerpo,
Aquí he venido;
Para pisar sin ti nuestras calles.
Que no me digan que te has ido
Aunque ya no estés.

No hay negociador, la luz se ha ido
No existe recompensa,
No puedo canjearme
Pero aquí estoy
con mi dolor y tu ausencia a cuestas.
Solo importa esto: mi dolor
y aquí esta.

Solo nos queda tu recuerdo.

Los captores creen
Que es fácil olvidarte
Pues se llevaron tu ropa,
Tu nombre, la tumba, tu sangre, tus huesos,
Nuestro duelo, nuestras lágrimas...

Pero se han equivocado
Por que es mas fuerte lo que dejan.
Nos dejaron tu rebeldía,
Tus sueños y anhelos,
Tu esperanza y tu amor;
nos dejaron tus calles,
Tu pueblo,
Tus banderas...

Para evocar tu recuerdo
Y refrendar con tu nombre
Las paredes de la historia
Hemos elegido un lugar:
De asfalto y aire,
De agua y tierra.
Para contarle a todos
Y que todos se enteren
que no te hemos olvidado,
ni nosotros,
ni tus congéneres,
ni tus consanguíneos,
ni tus conciudadanos,
ni mucho menos una sociedad
que hoy te reclama.

( Adriana Diosa 1999)