lunes, 7 de febrero de 2011



























































"Mujeres actuando por la vida "
Por

Adriana María Diosa Colorado*


(Publicado en la revista A teatro # 16, enero-diciembre de 2009, en Medellin Colombia)


“A la mujer se le trataba como una niña y una propiedad. Se la mantenía como un huerto en barbecho…pero, por suerte el viento siempre llevaba consigo algunas semillas silvestres. A pesar de que no se aprobaba lo que escribían las mujeres seguían trabajando con ahínco. A pesar de que no se reconocía el menor merito a lo que pintaban sus obras alimentaban el espíritu. Las mujeres tenían que suplicar a fin de conseguir los espacios para su arte, y si no obtenían nada, hallaban su espacio en los árboles, las cuevas, los bosques y los roperos”.

(Clarissa Pinkola Estés )

“Gracias a la vida que me ha dado tanto”: me dio la facultad de amar sin pensar en lo que recibiré a cambio; me dio la alegría de saludar cada día con alegría y optimismo; me dio la sabiduría de atender varias cosas al mismo tiempo; me dio la creatividad para resolver problemas; me dio el ser salvaje para defender la vida que se teje en mis entrañas; me dio la voz para hacerme oír, el gesto para comunicar mis anhelos y sentimientos; me dio mi cuerpo para contar historias, para guardar la vida, para anidar esperanzas, para fraguar batallas que desencadenen mis pensamientos, para amasar futuros, para buscar libertades, para sembrar placeres en lechos vitales de nostalgias y victorias…

Después de 20 años continuos de mi vida actuando e interactuando en el mundo del teatro; de experimentar el encuentro directo y esencial con públicos diversos en Colombia y otros países de Latinoamérica y del viejo continente; de proponer a múltiples grupos humanos el teatro como opción profesional, opción de vida, herramienta de ayuda psicosocial, medio de comunicación, propuesta de fortalecimiento grupal y personal, entre otras, quisiera detenerme en lo que creo que significa para las mujeres su acercamiento a este medio que, en el escenario de la vida, se puede volver un fin.

He tenido valiosas experiencias de trabajo con mujeres de todas las condiciones sociales, de todas las edades, de diferentes grupos étnicos y culturales: trabajos abordados desde mi profesión de socióloga o desde mi oficio de actriz.
Siempre, estos ejercicios han sido tan enriquecedores para mí como para ellas. En ellos no hay espacio para los temores, para las represiones o depresiones, para los condicionamientos. El cuerpo se libera y con él todo lo que lo cubre salta afuera, permitiendo el aflore de cualidades y potencialidades no pensadas antes, autodescubriendo a partir de cada una el mundo que nos rodea.
El teatro, para las mujeres con las que me he encontrado y para mi misma, ha sido una oportunidad que arañamos y devoramos sin que necesitemos instrumentos sofisticados ni materiales especiales porque todo está en nosotras mismas.
En esta dimensión el teatro es un elemento liberador.

En los juegos de roles que realizamos como parte de nuestra propuesta metodológica en el trabajo teatral se puede observar como: en los contextos en los cuales hemos intervenido, a las mujeres se les ha encomendado la tarea del hogar y los hijos. Pero, ¿que acciones o actividades implica la crianza de un solo hijo y la atención de un hogar? Implica una serie de cosas: Las mujeres, cualquiera que sea su condición social, cultural o académica, se han visto avocadas a resolver, a crear, a transformar… en fin, a resolver. Por eso nuestras madres, mujeres sencillas del campo sin ninguna preparación, son las zapateras que arreglan los zapatos para que los niños y niñas puedan ir al colegio; son las medicas que saben como quitar los dolores de estomago; son las sicólogas que saben escuchar y proponer salidas cuando llegan nuestras primeras decepciones amorosas; son las sociólogas que analizan el contexto y aconsejan en que tipo de grupos debo inmiscuirme o no; son las administradoras que garantizan que no falte la comida aunque el hombre no tenga trabajo y salario.
La anterior observación se puede corroborar en una frase que se pronuncia a menudo en boca de ambos sexos: “Las mujeres tenemos un sexto sentido”

De otro lado vale la pena reflexionar en torno a lo que ha significado para algunos de nuestros hombres, los “privilegios” que la historia les ha entregado. El privilegio de ser hombres les ha dado la posibilidad de dedicarse a un solo asunto y les ha debilitado la capacidad de diversificar roles, y pensar en varias cosas vitales al mismo tiempo. El hecho de tener resuelto los espacios públicos por el solo hecho de ser hombre, les ha restado laboriosidad, el machismo heredado y fomentado por nuestras mujeres, incluso, les ha resuelto hasta lo mas mínimo: la comida se les sirve, la ropa se les lava, las responsabilidades del hogar son otras; los hemos convertido en seres con muchos temores, con dificultades para resolver problemas, seres ligados a la mujer como a una “madre” (figura que resuelve todo). Esta sociedad ha convertido al hombre en un “gran macho” pero con limitaciones: ante la menor dificultad desfallece, requiere de la mujer (madre, hermana, pareja, amiga) para resolver problemas, quizás es por eso que los índices de consumo de alcohol u otras sustancias alucinógenas o psicoactivas se da mayoritariamente en los hombres, por su necesidad de resolver problemas difíciles de exteriorizar o compartir.


Por todo lo anterior es urgente que hombres y mujeres actuemos a favor de la vida: tendremos menos mujeres enfermas por la gran carga de responsabilidades que la historia les ha conferido y que ellas, generosamente, asumen, las cuales se convierten en enfermedades como el cáncer que está atacando fuertemente a las mujeres. Tendremos hombres mas resolutivos y creativos, capaces de resolver los grandes problemas de la nación y los “pequeños grandes” problemas de la cotidianidad; menos hombres refugiados en dependencias destructivas, mas atentos a las cosas simples que llenan de gracia los espíritus… Tendremos mejores seres humanos.

Las artes escénicas, en general, son un punto de encuentro entre hombre y mujeres, mujeres con ser femenino creativo y expresivo y hombres con su ser inmensamente humano y aportante a la construcción de una sociedad equitativa desde el genero a lo económico.

* Socióloga de la Universidad Autónoma Latinoamericana; integrante del Grupo teatral Arlequín y los juglares desde hace 20 años; directora ejecutiva de la corporación Área artística y cultural de Medellín; socia de ATRAE.