Son las nueve de la noche de un día normal y
cotidiano del año 2005 en el barrio El Limonar
del corregimiento San Antonio de Prado, ubicado al sur de la ciudad de Medellín
y el área Metropolitana, justo después de atravesar en bus el municipio de Itagüí
uno vuelve a estar en jurisdicción de Medellín…es algo que siempre nos pareció
particular.
Las tienditas que hay cada cien o doscientos
metros una de la otra, están cerrando sus puertas al público para sumergirse en
el interior del mismo local que en las noches se vuelve lugar de descanso; los
niños y niñas van desfilando a sus casas ante el vocerío de sus madres; algunas
luces, las de las casas de las personas más adultas, empiezan a apagarse; las
casas donde viven personas afrodescendientes-que son bastantes en este barrio-
ecualizan sonido con sus ritmos del
“pacifico” dejando tonadas en el ambiente de la noche como un regalo
sonoro:
“Esta casa que yo hice / pasando tanto trabajo
Tiene piso’ e guayacán / y paredes de chachajo”
En la cuadra mía reina un silencio similar a
aquellos que imperan en las casas o lugares donde acaban de llegar de enterrar
a un ser querido…solo se escucha por allí el ladrido inquieto de “La Negra”, una
perra, que igual a la de la canción de Alberto Cortez: “Era callejera por derecho propio…y aunque fue de todos nunca tuvo
dueño”
Hace un par de semanas “La Negra” tuvo una cría
de tres perritos y justo eligió mi casa como refugio para su trabajo de parto.
Gustosamente la asistimos y cuidamos con cariño a ella y a sus tres perritos. Mi
joven hija y el niño, de 17 y 8 años respectivamente, se apropiaron de los
mimos y cuidados para los recién nacidos. “La negra” correspondía con gestos de
“nobleza” tales como esperarnos a la
bajada del bus, acompañarnos hasta el parqueadero de los buses en las
mañanas, menear la cola cuando nos veía, entre otros detalles.
Adentro en mi casa el ambiente estaba enrarecido:
Los estados de ánimo oscilaban entre la expectativa de algo nuevo que encontrar,
expresada en el rostro del niño que todo lo celebra y emprende como como una
nueva aventura; la cara de incertidumbre y complicidad de mi joven hija que
siente dolor pero lo guarda para darnos fuerza; el dolor de mi compañero de
vida y amores que junto al mío reflejan la impotencia de un proyecto de vida
truncado y la casa con las paredes totalmente limpia de objetos, mientras los
motetes empacados en cajas se riegan a lo largo y ancho del recinto
habitacional…Allí yacían en cajas, bolsas, talegos y costales las pocas cosas
de valor que habíamos acumulado en los quince (15) años que vivimos en este
barrio del cual teníamos que salir.
“Jota”, un vecino muy querido y cercano llega
hasta nuestra puerta anunciando que ya estaba
el camión estacionado frente a su casa, ubicada en la parte baja, lugar que
habíamos seleccionado con el fin de no ser muy evidentes y poder esquivar a los
curiosos y curiosas de la principal.
El camión llegó con las personas expertas en
cargar aunque teníamos tantos recuerdos y “bienes acumulados” que tuvimos que
ayudar para salir de esa mas rápido. Cada vez que tomábamos una caja y salíamos
caminando hasta el carro, “la negra” nos seguía y volvía de nuevo a la casa y así
durante todo el tiempo que duramos cargando el camión.
Cuando terminamos, como es común en estos
casos, los últimos en salir fuimos papá y mamá. La hija y el hijo ya estaban en
el carro. Colgamos unas telas en las ventanas de la casa para que pareciera
habitada y así evitar que fuera tomada. Hicimos un último recorrido desde el
segundo piso hacia abajo y finalmente nos paramos en la puerta de la casa
mirando hacia adentro, recorrimos con nuestras miradas ese espacio donde
compartimos sabores y sinsabores, suspiramos profundamente y después,
rápidamente, tomamos en nuestras manos las escobas, trapeadoras y una maceta pequeña con una planta.
Fuimos bajando hasta el carro despidiéndonos tímidamente de nuestras amistades,
vecinos y vecinas, “con un taco en la garganta” y los ojos empañados. Abrazos,
miradas silenciosas, apretones de manos, silencios, llantos…Un sonido extraño irrumpió
en la noche. Era “la negra” que había cambiado su forma de ladrar y dejado de
correr de arriba para abajo desde el carro a la casa como loca y empezó a bajar despacio por la acera y las escalas detrás
de nosotros emitiendo un alarido tan tenebroso y triste que hizo que los vecinos
afro apagaran el sonido y nuestros ojos se inundaran en llanto.
Cuando llegamos hasta el carro mis hijos
empezaron a llorar de manera desconsolada, nosotros subimos apurados y dimos la
orden: ¡vamos!…el conductor miraba para atrás, para un lado, para delante de
manera inquieta y es que el llanto de la negra nos siguió por un rato, pues salió
corriendo detrás del carro y eso hizo que los cuatro lloráramos sin contenernos…y
hasta el conductor con su actitud se solidarizaban con nosotros y nosotras,
acompañándonos silenciosamente en este duelo colectivo a muchas cosas vividas
allí.
Cuando el carro cargado de corotos, comenzó a
desfilar loma abajo por las calles principales miré a mi compañero, a “El
juglar” y con los ojos húmedos nos lanzamos una de esas miradas que en verdad “valen
más que mil palabras”…
Lo pesado del carro le impedía salir corriendo
a grandes velocidades entonces avanzó lentamente…al mismo tiempo aparecían en
mi mente imágenes de aconteceres que sumados uno a otro y otros más, nos
pusieron fuera de este barrio conformado por más de 2.600 viviendas habitadas
por familias provenientes de zonas de alto riesgo de la ciudad de Medellín, que
fue inaugurado como una experiencia piloto de la administración municipal en el
año 1990.
Un grupo de mujeres viudas víctimas del
conflicto armado, integrantes de la fundación “Alborada” liderada por Consuelo
Arbeláez - esposa del diputado Gabriel Jaime Santa María, que había sido
asesinado en plena Duma en los años del genocidio contra miembros de la Unión
Patriótica UP- gestionó con algunas de nosotras un proyecto de vivienda apoyado
por el gerente de CORVIDE (Empresa de vivienda social) muchos de cuyos
directivo era de esa misma fuerza política, y una organización de cooperación
internacional, las cuales propiciaron la compra de 16 casas para las compañeras
que no teníamos vivienda. Yo era una viuda muy joven y participe con gran
entusiasmo en este proyecto.
No olvido el día en el que nos invitaron a
conocer el proyecto de vivienda. Nos bajamos del bus de San Antonio de Prado en
el barrio Aragón pues todavía no subían buses hasta el barrio que estaba apenas
en construcción.
Carmenza, una de las compañeras, empezó a ver
los “peros”: ¡Pero las calles no estar terminadas¡ Exclamó. Subimos entre
pantano y tierra aproximadamente diez cuadras. Carmenza siguió esgrimiendo
razones para desistir: ¡Es muy lejos, es feo, no tiene escuelas, no tiene buses…pero yo,
joven soñadora y utópica como la que más, Estaba feliz con la idea de tener una
casa propia para mi hija y yo.
…Cuando el camión con el trasteo pasó por el
sector conocido como la Y, exactamente frente a la iglesia, el conductor se
hecho mecánicamente la bendición y paró un momento el carro para dar paso a
varios buses que venían subiendo.
En ese preciso instante recordé el día en el
que Cristóbal, asistente personal del padre Oscar Albeiro Ortiz Henao,
sacerdote del barrio El Limonar,
fue hasta nuestra casa a pedirnos el favor de hacer una presentación artística en el colegio Fe y alegría que está ubicado una cuadra abajo de la iglesia. Ese día se realizaba una actividad con el objetivo de recoger fondos para la construcción de la iglesia. Nosotros pensamos mucho… antes de confirmar nuestra presencia artística en este evento…pues había muchos rumores en el barrio sobre acciones y procederes extraños por parte del padre. Sin embargo aceptamos apoyar esta actividad organizada por el único grupo de trabajo comunitario que tenía en esos días la iglesia.
fue hasta nuestra casa a pedirnos el favor de hacer una presentación artística en el colegio Fe y alegría que está ubicado una cuadra abajo de la iglesia. Ese día se realizaba una actividad con el objetivo de recoger fondos para la construcción de la iglesia. Nosotros pensamos mucho… antes de confirmar nuestra presencia artística en este evento…pues había muchos rumores en el barrio sobre acciones y procederes extraños por parte del padre. Sin embargo aceptamos apoyar esta actividad organizada por el único grupo de trabajo comunitario que tenía en esos días la iglesia.
El día señalado para la presentación llegó. La
comunidad estaba citada desde temprano pues había una feria de productos y
otras actividades más. La velada cultural era a las 3 p.m. en el salón múltiple
del colegio. Nosotros llegamos mucho antes para preparar el escenario, el
maquillaje y toda la parafernalia teatral.
Estaba ya todo listo para iniciar cuando nos
anunciaron que había llegado el padre para dar un saludito. Nunca lo habíamos
visto tan de cerca ni tampoco lo habíamos escuchado. Él subió al escenario que
habíamos preparado y desde allí se dirigió a la comunidad. Nosotros,
maquillados y vestidos nos sentamos en primera fila, frente al escenario, pues
no había tras escena. Hacía algunos días había llegado un grupo de nuevas
familias de alguno de los barrios de Medellín para habitar allí. Más o menos
así saludo el padre a estas familias, ante nuestro asombro y la complacencia y
aceptación de las personas que escucharon con normalidad esas palabras:
--------- “¡Bienvenidas las nuevas personas que
llegan al Limonar, pero entiendan y sepan que aquí tenemos unas normas y el que la caga la primera vez , se va de
llamado de atención, el que la caga dos veces, se va de pela y el que la caga
la tercera vez se va de cajón!”
Recuerdo que estas palabras retumbaron en
nuestros oídos como resortes que querían impulsarnos fuera de ese lugar…frente
a nosotros estaba un hombre sin sotana, relativamente joven como de 36 años,
muy obeso, con una mirada tunantada y un tono de voz poco celestial que lanzaba
una sentencia sin que nadie dijera nada. Nosotros, con mucho susto y asombro,
procedimos a subir al escenario cuidando mucho nuestras palabras y gestos para
no parecer contrarios a la voluntad del padre, que parecía ser la de todos y todas
en ese recinto…
…Los buses que venían subiendo pasaron y el
carro de trasteos sacudió un poco brusco para arrancar de nuevo y proseguir,
sacándome de mis recuerdos. Nuevamente el silencio profundo mientras vamos
lentamente saliendo de este barrio que “Aunque fue de todos nunca tuvo dueño”.
Pasamos frente al colegio donde habíamos hecho
aquella función y recordamos que ese era el lugar de ensayo con el grupo de
teatro integrado por jóvenes del barrio que habíamos conformado con el apoyo de
la Corporación Ecológica y Cultural Penca de Sábila. Todos nos encontrábamos
allí ciertos días entre las 6:30 y las 9:30 p.m. Uno de esos días, mientras
ensayábamos con nuestro maestro “El Juglar” una de las escenas de la obra
“Historias para ser contadas” de Oswaldo Dragún de Argentina, fuimos
interrumpidos por un par de chicos que llegaron en una moto pitando y tocando
la reja de la puerta de la escuela apuradamente. Cuando fui a la puerta ellos
sin bajarse de la moto me saludaron como si me conocieran y me dijeron:
“¡Profe váyase con los muchachos rápido que los
van a venir a “barrer”…es que el padre dijo que ellos son satánicos…y “los
muchachos” del barrio vienen por ellos… corra…váyanse ya…yo me adelante porque
ahí hay parceros que crecieron conmigo!”
Yo volví al salón temblando, sin saber cómo
contarles eso. Salimos del barrio así como estábamos, con ropa de trabajo, con
los cuerpos bañados en sudor por el trabajo físico y con los textos de la obra
en las manos. El Juglar y yo nos dividimos: él se quedó con la hija y el hijo y
yo acompañé al grupo de jóvenes hasta la playa con la avenida oriental, lugar
donde nos encontramos con “Magui” y Javier Márquez, de la corporación Penca de Sábila,
para analizar y buscar salida juntos a
esa situación….los recuerdos se agolpan en mi mente…
Después
de la escuela seguimos bajando, cruzamos por un lado de “Las Bifas” uno de los
sectores en confrontación, una de las “fronteras visibles” de este barrio
habitado por personas de muchos sectores de Medellín: la Iguaná, Villatina,
Caicedo, Popular, entre otros, que habían luchado por conformar un nuevo barrio,
en condiciones más dignas, con nuevos
retos colectivos y comunitarios, con muchos conflictos, pero que lo estaban
logrando hasta que fueron llegando al barrio
personas, supuestamente desmovilizadas, del Bloque Cacique
Nutibara de las AUC, que se metieron en la vida de la comunidad constituyéndose
en un nuevo poder. Muchos habitantes del barrio fueron expulsados, las casas
desocupadas fueron tomadas por personas foráneas que con el apoyo de otros
jóvenes residentes que se involucraron, las convirtieron en sitios de vicio y
prostitución…
Cuando llegamos a la avenida principal algo nos sacó de nuestros
recuerdos, silencios y pesadumbre. El conductor paró de nuevo el carro y lo
arrimó a un costado de la vía. Nos percatamos que La Negra todavía nos estaba
siguiendo y seguía aullando, como un lobo. El llanto volvió a nuestros ojos de
manera intensa. Tomamos la vía rápido hacia la nueva casa que habíamos
conseguido con el apoyo ágil y oportuno del fondo de emergencias del colectivo de
derechos humanos semillas de libertad CODEHSEL.
Cuando llegamos a la nueva casa ubicada en una urbanización cerrada del
mismo corregimiento pero en un barrio retirado del limonar, donde habíamos
decidido estar un corto tiempo mientras resolvíamos un lugar más definitivo o
estable para rehacer la vida con nuestra familia, había una hoja volante en el
piso en medio de otros papeles, - De esos que se acumulan en las casas cuando
están desocupadas - en el cual se
difundía la Semana Santa del corregimiento, que ya había pasado hacía varios
meses. Tenía impresas imágenes del
barrio El Limonar y una nota en la que se alentaba a la comunidad para apoyar
al padre Oscar en su empeño por construir un templo “Nuevo y digno para la
comunidad”, por medio de campañas como “El huevito para la iglesia”, el adobe
cargado por los feligreses en el día del viacrucis…entre otras.
Y como si mis propios recuerdos me persiguieran y se juntaran
caprichosamente en mi mente, llegó a mi memoria otro de esos días vividos en
medio de estas confrontaciones y dinámicas violentas en el barrio:
------Algo rompió la tranquilidad de la noche en la cuadra nuestra,
conocida por la gente como La calle de las viudas y a la cual le buscamos
cambiar el nombre por La calle de la vida: Eran como las 10 de la noche y ya no
había nadie afuera. En el interior de las casas nos aprestábamos a acostar niños
y niñas, a alistar cosas para el colegio o para el trabajo al día
siguiente…como era usual.
De pronto una ráfaga taladró la noche. Eran muchos tiros sonando casi al
mismo tiempo en nuestra cuadra, una cuadra
de esas en las cuales las casa de uno y otro costado solo están separadas por
unas escalas y una pequeña acera, como en las urbanizaciones.
En mi casa reinó el susto y el terror, ya nos había tocado vivir
situaciones similares en otros barrios y en otros lugares de nuestra “Ciudad de
la eterna primavera” pero nuestros cuerpos habían olvidado -tal vez para
sanarse- el temor que estos hechos producían. Temblando como robots mi
compañero y yo llegamos rápidamente al interruptor de la luz y apagamos. En medio de la oscuridad
él tomó al niño y yo a la hija y nos protegimos con los colchones de las camas, debajo de las escaleras que dan
al segundo piso…los tiros seguían sonando. De pronto irrumpió una voz detonante
como las balas gritando: ---- “Hijueputas chismosos tienen hasta mañana para
largarse del barrio…malparidos”.
Después para sellar la advertencia sonaron otros tiros que revotaron
como en la pared de nuestra casa…nosotros tapábamos la boca del niño para que
su llanto no se oyera y abrazábamos a la niña para mitigar su terror.
Cesaron las voces y las balas, seguimos allí quietecitos otro rato hasta
percatarnos que no iban a seguir disparando…nos acostamos así como estábamos
vestidos para no prender la luz, pero no pudimos dormir. Con ansiedad
esperábamos que llegara el nuevo día.
Cuando empezó a clarear, me levanté, llamé por teléfono a Estela mi vecina de al lado y como si lo hubiéramos
acordado previamente le dije que ya iba para allá y ella me dijo que iba a
llamar a Nora y a las otras mujeres…amaneció del todo y eran como las 6 a.m. . Abrí
la puerta con cautela y salí haciendo uso de mi capacidad de actuación, llame
duro desde el primer piso hacia el balcón de Estela y dije en tono alto: “¿Si
pudieron hacer la tarea las niñas? Yo ya voy a ayudarles que nosotros logramos terminarla”.
Rápidamente me abrió la puerta y así una a una fueron llegando las mujeres de La
cuadra de la vida o de las viudas. Fue una reunión tensa, se trataba de indagar
si estábamos todas bien y tratar de construir una verdad que nos permitiera
entender lo sucedido.
Wilson, esposo de una de las mujeres, residente en la casa donde
estábamos dijo: “Lo que me llama la atención es que hayan dicho “chismosos” ¿por
qué si esta es una cuadra de mujeres?” Una de las asistente propuso ir donde el
padre. “Él tiene buena relación con esos “muchachos” del barrio, pidámosle que
nos ayude a saber si es contra alguna de nosotras, contra todas, o que”. A los
hombres que teníamos en la cuadra: El viudo y los esposos o compañeros nuevos
de las mujeres los dejamos fuera de esto, como para protegerlos. Una de ellas y yo fuimos a buscar al padre a
su despacho parroquial. Le expresamos nuestros temores y le narramos lo vivido
la noche anterior. Le pedimos que asistiera a una reunión en la cuadra y nos
ayudara a todas y todos a aclarar lo sucedido. Él dijo que en un rato subía,
que iba a hacer algunas averiguaciones.
Al cabo de un rato el padre llegó a la esquina de la cuadra acompañado
de uno de los “muchachos” del barrio.
Estaba buscando el lugar de la reunión, lo alcanzamos a divisar. Una de nuestras compañeras fue a su
encuentro para guiarlo hasta la casa del primer piso donde estaban las demás
personas. Más tarde ella nos contó que el padre estaba hablando por celular y cuando
ella llegó hasta su lado terminó la
conversación, colgó y le dijo: “No he podido comunicarme a Urabá con el
comandante”.
Caminando lentamente, a causa de su notoria obesidad y lo pesado de su
cuerpo comenzó a dirigirse, por las escalas hasta el lugar de reunión. Llevaba
en la mano el celular y debajo de su hombre un bolsito que siempre cargaba…parecía
un porta Biblias. Entró, saludó y se sentó. Sin decir mucho expresó: -----“Según
me informaron todo es culpa del “papero” (Así le decían al único hombre viudo
que teníamos en la fundación y en la cuadra) se puso a abrir la boca más de la
cuenta y a meterse en lo que no le importaba. Uno de los muchachos quería
alquilar una casa en esta cuadra y él papero le dijo a la señora que no lo hiciera para que
no se les dañara la cuadra y a ella le dio miedo y no quiso alquilar. Y eso fue
todo…no es contra ninguna de ustedes…era contra él y ya me informaron que salió
del barrio. Todas nos miramos, guardamos silencio…el padre se paró y se fue
levantando la mano, como cuando El Papa
sale a la gran Plaza de San Pedro en el Vaticano, saludando a la gente que ya
empezaba a salir a sus oficios.
Cuando el padre giró en la esquina y no lo vimos más, nos dirigimos en grupo
hasta la casa de nuestro compañero, que quedaba diagonal a la mía. Estaba
desocupada, los vidrios de las ventanas quebrados y las paredes llenas de
orificios de las balas de la noche anterior…
Nos
aburrían muchas cosas en este barrio pero seguimos allí resistiendo porque nos
parecía demasiado fácil abandonarlo. Nosotros somos líderes sociales, artistas
defensores de derechos humanos y contamos con el apoyo de mucha gente, pero… y
las otras personas del barrio ¿qué?…
Hasta
que en ese día de febrero de 2005, después de varias llamadas extrañas a nuestra
casa, recibí una llamada a mi celular, cuando me encontraba en una reunión de
defensores y defensoras de derechos humanos con una organización internacional
llamada Brigadas Internacionales de paz…al otro lado del teléfono una voz villana
de esas expertas en causar terror dijo: “Quiubo malparida. Vos vas a seguir güevoniando
o ¿qué? Se te olvidó que tenés hijos y marido. Te vas a morir vos o uno de los tuyos hijueputa…”
Hoy
varios años después y antes de terminar de escribir esta crónica reviso en internet
que es lo más destacado que hay sobre el barrio en los últimos años y encuentro
titulares como: “Capturado Óscar Albeiro Ortiz, sacerdote de El Limonar”;
“Capturan a sacerdote señalado de liderar bandas criminales en Medellín”, “El INPEC definirá el sitio de reclusión del
sacerdote Óscar Albeiro Ortiz Henao”, “Condenan a sacerdote que lideraba
organización criminal en Antioquia”, “El cura que podía mandar a matar condenado
por concierto para delinquir y apoyo a grupos paramilitares”, “El padre Oscar Ortiz es prófugo de la
justicia”…. Hoy está condenado a 19 años de cárcel en alguna de las cárceles
del país.
Publicada en Relatos de Guerra
y Paz, Segundo Concurso “Crónicas de la Periferia” Proyecto Ganador de apoyos
concertados-convocatoria Pública 2015, Arte y Cultura para la vida de la Secretaria
de cultura ciudadana de Medellín
No hay comentarios:
Publicar un comentario